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Cuáles son los riesgos y complicaciones de la cirugía maxilofacial

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Una cirugía que va más allá de lo estético: funcional y médica

La cirugía maxilofacial, también conocida como cirugía ortognática o cirugía correctiva de los maxilares, se ha convertido en una intervención clave no solo para corregir aspectos estéticos del rostro, sino también para tratar desequilibrios funcionales que afectan la respiración, la mordida y hasta el habla. A pesar de los avances en técnicas mínimamente invasivas y planificación digital en 3D, este procedimiento sigue siendo altamente especializado y conlleva ciertos riesgos.

De acuerdo con la American Association of Oral and Maxillofacial Surgeons (AAOMS), las complicaciones pueden ir desde las más comunes —como inflamación y dolor— hasta otras más complejas como infecciones profundas, hemorragias, parestesias (adormecimientos) permanentes, cicatrización ósea incompleta y, en casos muy aislados, problemas respiratorios posoperatorios.

“El nivel de complejidad de una cirugía maxilofacial exige que sea realizada por profesionales con entrenamiento específico. No es una intervención estética convencional, sino una cirugía médica mayor”, afirmó el Dr. David Kim, cirujano oral del Massachusetts General Hospital y profesor de Harvard Medical School, en una conferencia de 2023 sobre seguridad quirúrgica.

Complicaciones inmediatas: lo que puede ocurrir en las primeras 48 horas

Hemorragias posoperatorias y control del sangrado

El riesgo más inmediato tras una cirugía maxilofacial es el sangrado excesivo. Aunque se trata de un procedimiento planeado con alto nivel de precisión, el corte de huesos y tejidos blandos en una zona tan vascularizada puede derivar en hemorragias durante o después de la operación.

La mayoría de los pacientes presentan un sangrado leve a moderado en las primeras horas, controlable con medicamentos y vendajes compresivos. No obstante, en algunos casos se produce una hemorragia persistente que puede requerir intervención médica adicional. Esto puede deberse a trastornos de coagulación no diagnosticados, uso de anticoagulantes no suspendidos a tiempo o un cierre quirúrgico deficiente.

Infecciones postoperatorias

Otro riesgo frecuente es la infección de la zona intervenida. Según la Clínica Mayo, la probabilidad de infección es baja en entornos quirúrgicos controlados, pero aumenta cuando no se cumplen los protocolos de cuidado posoperatorio en casa. Síntomas como fiebre persistente, mal olor en la boca, secreción purulenta o inflamación desproporcionada son señales de alerta.

“Las infecciones maxilofaciales pueden avanzar rápidamente si no se detectan a tiempo. El paciente debe estar vigilante y seguir rigurosamente las instrucciones del equipo tratante”, indica la Dra. Sonia Chugh, especialista en cirugía oral del University College London Hospitals (UCLH), Reino Unido.

Lesiones neurosensoriales: el riesgo de perder sensibilidad

Parestesia del labio inferior, lengua o mentón

Un tema que genera gran ansiedad entre los pacientes es el riesgo de daño a los nervios faciales. Las estructuras más comprometidas suelen ser el nervio alveolar inferior (que recorre la mandíbula) y el nervio lingual (que se conecta a la lengua). Cuando se produce una lesión en estas áreas, el paciente puede experimentar parestesia o pérdida de sensibilidad parcial.

De acuerdo con un estudio publicado en la British Journal of Oral and Maxillofacial Surgery, la incidencia de parestesia temporal tras una cirugía ortognática mandibular puede superar el 20%, mientras que la permanencia del daño se presenta en cerca del 9% de los casos. La buena noticia es que, en la mayoría de los pacientes, la sensibilidad se recupera gradualmente en un periodo de 3 a 6 meses.

“Este tipo de secuelas son prevenibles si se emplea una técnica quirúrgica respetuosa de las trayectorias nerviosas y si se utilizan herramientas digitales de navegación quirúrgica”, explicó el Dr. Federico Hernández Alfaro, director del Instituto Maxilofacial de Barcelona, durante el congreso EACMFS 2023.

Complicaciones funcionales: cuando la masticación y el habla se ven afectadas

complicaciones cirugia maxilofacial

Problemas en la mordida y alteraciones del habla

Más allá del dolor, la inflamación o el entumecimiento, una cirugía maxilofacial puede tener un impacto funcional temporal o duradero. El ajuste de los maxilares cambia la relación de la mordida, y esto puede requerir una reeducación muscular progresiva para evitar masticación asimétrica o contracturas.

Asimismo, algunos pacientes experimentan dificultades en la pronunciación de ciertos sonidos, en especial aquellos que requieren el apoyo del paladar, los labios o la lengua. Estos cambios suelen corregirse con el tiempo y con apoyo fonoaudiológico.

“El éxito de una cirugía maxilofacial no se mide solo en la corrección del perfil facial, sino en la recuperación completa de la función oral. Por eso es vital el seguimiento multidisciplinario”, explicó la Dra. Daniela Garib, ortodoncista e investigadora del Hospital de Clínicas de la Universidad de São Paulo.

Riesgos respiratorios y anestésicos: el temor silencioso

Manejo de la vía aérea durante la intervención

Una de las preocupaciones más delicadas durante una cirugía maxilofacial —especialmente cuando se interviene en ambas arcadas dentarias— es el manejo de la vía aérea. A diferencia de otras intervenciones quirúrgicas, aquí la vía aérea puede verse comprometida por la inflamación, los hematomas o el posicionamiento del maxilar.

Los anestesiólogos tienen un papel protagónico en este tipo de procedimientos. Se requiere una planificación específica para garantizar que el paciente pueda respirar adecuadamente durante y después de la cirugía. En muchos casos se emplea intubación nasotraqueal, que permite mantener despejada la cavidad oral.

“Una obstrucción de la vía aérea en el posoperatorio puede ser una emergencia crítica. Por eso, en cirugía maxilofacial se requieren equipos experimentados, con entrenamiento en intubación difícil y manejo posquirúrgico en UCI si es necesario”, indicó el Dr. Michael Benrubi, jefe del Departamento de Anestesiología en el Jackson Memorial Hospital, en una publicación para la American Society of Anesthesiologists (ASA).

Complicaciones por anestesia general

La anestesia general en sí misma conlleva riesgos. Aunque es segura en manos expertas, puede generar reacciones adversas como náuseas, vómitos, dolor de garganta o, en casos excepcionales, complicaciones cardiovasculares o respiratorias más severas.

Según la American Dental Association (ADA), la tasa de complicaciones graves relacionadas con anestesia en procedimientos orales es baja, menor al 0,1%, pero incrementa en pacientes con enfermedades sistémicas no controladas o alergias no detectadas.

Por este motivo, se exige una valoración médica completa previa a la cirugía. En países como Estados Unidos, el consentimiento informado detallado y firmado es obligatorio, y el equipo quirúrgico debe tener acceso a protocolos de reanimación avanzada.

Problemas de cicatrización ósea y rechazo de osteosíntesis

Fracaso en la consolidación ósea (no unión)

En procedimientos como la cirugía ortognática o la reconstrucción mandibular, uno de los objetivos principales es lograr que los huesos intervenidos consoliden correctamente. Sin embargo, existe el riesgo de que el hueso no cicatrice de forma adecuada, un fenómeno conocido como “no unión” o “pseudoartrosis”.

Este fallo puede deberse a múltiples factores: infección, movilidad excesiva del segmento óseo, deficiencia en el aporte sanguíneo, tabaquismo o enfermedades como la diabetes. Cuando se presenta, puede requerir una nueva intervención quirúrgica y prolongar el tratamiento varios meses.

La literatura especializada, como la publicada en la Journal of Oral and Maxillofacial Surgery, advierte que la tasa de no unión en cirugía mandibular es del 1 al 3%, aunque puede ascender al 10% en pacientes fumadores.

“El consumo de cigarrillo afecta directamente la microvascularización ósea, lo que dificulta la integración de los segmentos quirúrgicos. Por eso recomendamos suspender el tabaco al menos un mes antes y después de la intervención”, subraya el Dr. Philippe Glineur, cirujano craneofacial de la Université catholique de Louvain, Bélgica.

Rechazo a placas y tornillos de titanio

Otro aspecto a tener en cuenta es la respuesta del organismo frente a los materiales de osteosíntesis: placas, minitornillos y prótesis que ayudan a mantener la estructura facial en su lugar mientras ocurre la cicatrización. Aunque la mayoría están fabricadas con titanio biocompatible, existe una pequeña posibilidad de rechazo o reacción inflamatoria.

En algunos pacientes, se genera una respuesta inmunológica que obliga a retirar las placas tras la consolidación ósea, o en casos más severos, antes de que la cicatrización se complete. También pueden presentarse molestias al contacto con el frío o sensibilidad en la zona intervenida.

La European Association for Cranio-Maxillo-Facial Surgery (EACMFS) sugiere en sus guías clínicas evaluar la posibilidad de retirar el material de osteosíntesis entre los 6 y 12 meses posteriores, especialmente si hay síntomas o si el paciente lo solicita por motivos estéticos.

Asimetrías posoperatorias y resultados no deseados

Fallos en la simetría facial o regresión de los resultados

Aunque uno de los principales motivos por los que las personas se someten a cirugía maxilofacial es mejorar su armonía facial, existe el riesgo de que el resultado final no cumpla con las expectativas. Esto puede deberse a errores en la planificación quirúrgica, movimientos milimétricos mal ejecutados o reabsorción ósea en el posoperatorio.

El rostro es una estructura tridimensional compleja. Un cambio de apenas 2 mm en el posicionamiento del maxilar superior puede alterar la estética de forma significativa. Además, en algunos casos, el hueso intervenido puede volver parcialmente a su posición inicial si no se estabiliza correctamente.

“El resultado de la cirugía ortognática no es inmediato. Hay que esperar de 6 a 12 meses para ver el resultado final, y este depende tanto del procedimiento como de la respuesta biológica del paciente”, explica el Dr. Barry H. Grayson, director emérito de cirugía craneofacial en NYU Langone Health.

Impacto psicológico del posoperatorio: un riesgo subestimado

ilustración mandibula

Expectativas no realistas y adaptación emocional

Pocas veces se habla de los efectos emocionales que puede tener una cirugía maxilofacial. Sin embargo, para muchos pacientes, el impacto psicológico del cambio facial o de una recuperación lenta puede generar cuadros de ansiedad, dismorfia o depresión posquirúrgica.

Esto es especialmente frecuente en adolescentes o adultos jóvenes con altas expectativas estéticas o con dificultades para adaptarse a su nuevo aspecto. De hecho, un estudio publicado en la revista Oral Surgery, Oral Medicine, Oral Pathology, Oral Radiology reportó que hasta el 15% de los pacientes pueden experimentar una caída significativa del estado de ánimo en los primeros tres meses tras la cirugía.

“El acompañamiento psicológico no debe ser un accesorio, sino parte integral del proceso quirúrgico. Cambiar el rostro es también cambiar la identidad, y eso necesita tiempo y soporte emocional”, advierte la psicóloga clínica Renata Magro, del Instituto de Cirugía Oral y Maxilofacial de Milán.

Riesgos adicionales en cirugías complejas: más allá de la ortognática

Complicaciones en cirugías de la articulación temporomandibular (ATM)

Las intervenciones quirúrgicas sobre la articulación temporomandibular (ATM) representan una de las áreas más delicadas dentro de la cirugía maxilofacial. Esta articulación —encargada de conectar la mandíbula con el cráneo— permite funciones vitales como hablar, masticar y bostezar. Su abordaje quirúrgico se reserva para casos de disfunción severa, artrosis avanzada, bloqueos articulares o condromalacia resistente al tratamiento conservador.

Sin embargo, los procedimientos sobre la ATM tienen una mayor tasa de complicaciones funcionales. Entre ellas se destacan la anquilosis (fusión de la articulación), el aumento del dolor crónico, y en algunos casos, limitación irreversible de la apertura bucal.

De acuerdo con un estudio de la European Journal of Oral and Maxillofacial Surgery, la tasa de complicaciones mayores tras cirugía de ATM se estima entre el 5% y el 8%, siendo más altas en pacientes con antecedentes de trauma o enfermedades autoinmunes.

“La cirugía de ATM debe ser siempre el último recurso, tras agotar terapias físicas, farmacológicas y dispositivos de avance mandibular. Una mala indicación quirúrgica puede dejar consecuencias de por vida”, alertó el Dr. Andrew Sidebottom, profesor de cirugía oral y maxilofacial de la Universidad de Nottingham, en una entrevista para la British Dental Journal.

Riesgos en cirugía por trauma facial o resección tumoral

En casos de reconstrucción facial tras accidentes graves o resección de tumores en mandíbula o maxilar, los riesgos se multiplican. Estas intervenciones requieren injertos óseos, prótesis personalizadas y, en muchos casos, microcirugía vascular para restaurar los tejidos afectados.

El desafío aquí no solo es quirúrgico, sino también reconstructivo y funcional. La posibilidad de necrosis del injerto, falla en la integración ósea o complicaciones vasculares es significativamente mayor. También pueden surgir dificultades para restaurar la simetría facial o la función masticatoria si hay pérdida muscular extensa.

Según el MD Anderson Cancer Center, las tasas de éxito en reconstrucción mandibular con colgajos microvasculares superan el 90% cuando el procedimiento es realizado por equipos especializados, pero requieren una infraestructura hospitalaria avanzada y seguimiento intensivo.

“El abordaje multidisciplinario en cirugía maxilofacial oncológica no es negociable. Se necesita un equipo de cabeza y cuello, cirugía plástica, odontología reconstructiva y oncología clínica trabajando juntos desde el primer día”, explica la Dra. Susan Cordes, cirujana oncológica facial del Indiana University Health.

Factores del paciente que incrementan los riesgos

Edad, comorbilidades y antecedentes médicos

El estado general de salud del paciente es una de las variables más determinantes en la evolución postoperatoria. Personas con enfermedades cardiovasculares, diabetes no controlada, hipertensión, obesidad o antecedentes de tabaquismo tienen un riesgo mayor de presentar complicaciones infecciosas, problemas de cicatrización o eventos tromboembólicos.

La edad también juega un papel importante. Aunque la mayoría de las cirugías maxilofaciales se realizan en adultos jóvenes, las intervenciones en pacientes mayores de 60 años tienen mayor índice de complicaciones sistémicas.

Un meta-análisis publicado en el International Journal of Oral and Maxillofacial Surgery evidenció que los pacientes con tres o más comorbilidades tienen un riesgo casi 3 veces mayor de requerir reintervención posquirúrgica o prolongación del tiempo de hospitalización.

Evaluación psicológica previa a la cirugía

Otro factor frecuentemente subestimado es la salud mental del paciente. Individuos con trastornos de ansiedad, depresión o dismorfofobia (preocupación obsesiva por un defecto físico imaginario o leve) pueden tener una percepción distorsionada de los resultados. En estos casos, incluso si la cirugía es técnicamente exitosa, la insatisfacción subjetiva puede derivar en consecuencias emocionales negativas.

Por esta razón, algunos centros de referencia, como el Hospital Universitario de Ginebra, exigen una evaluación psicológica previa en todos los candidatos a cirugía ortognática, especialmente si hay antecedentes psiquiátricos o expectativas estéticas elevadas.

“El mayor riesgo no siempre está en el quirófano, sino en las expectativas mal gestionadas. Es fundamental que el paciente comprenda el alcance real del procedimiento”, insiste la Dra. Élodie Perrenoud, psicóloga clínica especializada en acompañamiento prequirúrgico.

El papel de la planificación digital para reducir riesgos

Cirugía guiada por computadora y simulación 3D

Uno de los avances más relevantes en los últimos 15 años ha sido la incorporación de la planificación digital en cirugía maxilofacial. Hoy, gracias a software de simulación 3D y navegación quirúrgica, los especialistas pueden planear con precisión milimétrica cada corte óseo, ángulo de reposicionamiento y punto de fijación.

Esta tecnología no solo mejora la predicción del resultado estético, sino que permite anticipar riesgos como colisión de trayectorias nerviosas, necesidad de injertos, o discrepancias oclusales. Además, permite fabricar férulas personalizadas que guían al cirujano durante la operación.

“La digitalización ha revolucionado la forma en que operamos. Hoy podemos reducir los tiempos quirúrgicos, minimizar los márgenes de error y ofrecer al paciente una imagen realista del resultado esperado”, afirma el Dr. Eric Dierkes, pionero en cirugía maxilofacial digital en la Charité Universitätsmedizin de Berlín.

Cómo prevenir complicaciones en cirugía maxilofacial: claves para una recuperación segura

La importancia de una buena selección del especialista

Una evaluación preoperatoria rigurosa es esencial para identificar factores de riesgo. Esto incluye exámenes de sangre, radiografías panorámicas, tomografías en 3D, historia médica completa y, en algunos casos, valoración por medicina interna, cardiología, endocrinología o anestesiología.

En pacientes con comorbilidades —como diabetes, hipertensión o enfermedades autoinmunes— la cirugía puede requerir ajustes importantes, como manejo glucémico intensivo o suspensión temporal de ciertos medicamentos.

El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) destaca que, cuando la cirugía maxilofacial se lleva a cabo tras una preparación médica completa, el índice de complicaciones serias se reduce en más del 40%. Por eso, ningún procedimiento debe realizarse sin una junta médica previa y una preparación estructurada.

Evaluación prequirúrgica completa: el paso que no se debe saltar

El primer paso para minimizar los riesgos de una cirugía maxilofacial es elegir a un profesional con la formación adecuada. A pesar de que algunos procedimientos pueden parecer similares a cirugías estéticas dentales o plásticas, la cirugía maxilofacial tiene una complejidad médica que exige una especialización formal en cirugía oral y maxilofacial.

En Colombia, esta especialidad está regulada y debe ser ejercida exclusivamente por médicos cirujanos con posgrado en cirugía oral y maxilofacial. En otros países, como en EE. UU., los cirujanos deben completar un entrenamiento médico o dental, seguido de una residencia hospitalaria de cuatro a seis años.

“El mayor error que puede cometer un paciente es someterse a una cirugía de alta complejidad con un profesional que no esté certificado por la autoridad médica de su país. El riesgo no es solo estético, sino vital”, enfatizó la Dra. Linda Lee, presidenta de la American Board of Oral and Maxillofacial Surgery (ABOMS), en su discurso anual de 2024.

Además, muchos de los errores quirúrgicos no se deben a fallas técnicas durante la intervención, sino a una mala indicación: realizar una cirugía que no era necesaria o hacerlo antes de agotar tratamientos menos invasivos.

Cuidados posoperatorios que disminuyen el riesgo de complicaciones

Primeras 72 horas: el momento más crítico

Después de la primera semana, el paciente entra en una fase de recuperación intermedia que puede durar de 4 a 6 semanas. Aquí es vital el seguimiento interdisciplinario: el ortodoncista ajusta el soporte oclusal si es necesario, el fisioterapeuta ayuda a recuperar la movilidad mandibular, y el cirujano verifica que no haya complicaciones.

Además, el proceso de rehabilitación incluye la adaptación emocional al cambio facial, que puede requerir apoyo psicológico en algunos casos. La American Psychological Association (APA) recomienda una evaluación de salud mental en pacientes que presenten señales de ansiedad, aislamiento o insatisfacción estética posoperatoria.

“El éxito de una cirugía maxilofacial no se mide el día que termina la operación, sino seis meses después, cuando el paciente sonríe, habla y mastica con total normalidad”, resume el Dr. Tomás Leiva, cirujano oral y maxilofacial de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Seguimiento especializado a mediano plazo

El período más sensible tras una cirugía maxilofacial son las primeras 72 horas. Durante este tiempo, el riesgo de sangrado, infección o inflamación severa es más alto, y el paciente debe seguir con exactitud las instrucciones del equipo tratante.

Esto incluye reposo absoluto, aplicación de hielo en intervalos, alimentación blanda y fría, higiene bucal supervisada con enjuagues antisépticos y control del dolor con medicamentos prescritos. También se debe evitar hablar en exceso, masticar alimentos duros, fumar o realizar ejercicio físico.

“Las complicaciones más frecuentes provienen de una confianza excesiva del paciente. El hecho de sentir menos dolor no significa que todo está bien. Las infecciones pueden comenzar silenciosamente y empeorar en cuestión de horas”, advirtió la Dra. Sara Velásquez, maxilofacial del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona.

En algunas clínicas especializadas, como la Clínica Loyola, el control posoperatorio se realiza incluso mediante llamadas de seguimiento diarias durante la primera semana y controles presenciales o virtuales programados.

Tecnología y protocolos modernos: aliados para disminuir los riesgos

Planeación virtual, guías quirúrgicas e impresión 3D

Uno de los grandes avances que ha permitido disminuir el margen de error en cirugía maxilofacial es la digitalización. Hoy en día, las clínicas de mayor nivel cuentan con escáneres intraorales, tomógrafos CBCT y software de planeación quirúrgica virtual.

Esto permite hacer una simulación precisa de cada corte óseo, calcular la cantidad exacta de reposicionamiento y hasta fabricar férulas quirúrgicas personalizadas mediante impresión 3D. Así se reducen los tiempos en quirófano, las complicaciones técnicas y el trauma quirúrgico.

“La planeación quirúrgica digital ha cambiado el paradigma. Hoy, una cirugía puede ensayarse cien veces en una pantalla antes de realizarse en un paciente. Esa es la verdadera garantía de seguridad”, explicó el Dr. Francesco Grecchi, cirujano italiano miembro del comité científico de la European Society of Oral Surgery (ESOS).

Protocolos de seguridad hospitalaria

Finalmente, la seguridad de una cirugía maxilofacial también depende del entorno clínico donde se realiza. Las clínicas deben contar con salas quirúrgicas habilitadas, monitoreo anestésico permanente, equipos de reanimación, unidades de cuidados intermedios y personal capacitado.

La Joint Commission International (JCI), entidad que certifica la seguridad hospitalaria en todo el mundo, exige estándares específicos para cirugías maxilofaciales que incluyen control de infecciones, trazabilidad de materiales quirúrgicos y revisión de checklist quirúrgico obligatorio antes de cada intervención.

Preguntas frecuentes sobre los riesgos de la cirugía maxilofacial

¿Todos los pacientes tienen los mismos riesgos?

No. Cada paciente tiene una historia médica, anatómica y emocional distinta. Las personas con enfermedades crónicas, antecedentes de tabaquismo, obesidad, mala higiene oral o tratamientos médicos complejos tienen mayor probabilidad de complicaciones. La edad, el tipo de cirugía y el nivel de experiencia del cirujano también influyen en el nivel de riesgo.

La pérdida de sensibilidad (parestesia) es una complicación posible, especialmente en procedimientos mandibulares donde se encuentran los principales nervios sensitivos del rostro. Sin embargo, en la mayoría de los casos es temporal. Según la British Journal of Oral and Maxillofacial Surgery, solo entre el 5% y el 9% de los casos presentan pérdida sensorial permanente.

Depende del tipo de intervención. En una cirugía ortognática, la inflamación y el dolor intenso pueden durar de 5 a 10 días. El proceso de cicatrización interna puede tardar entre 6 semanas y 6 meses. La recuperación total (incluyendo la función masticatoria, el habla y la adaptación estética) puede extenderse hasta un año en algunos casos.

No es recomendable. Generalmente se sugiere un periodo de incapacidad mínima de 10 a 14 días para actividades no físicas, y de hasta 4 semanas si el trabajo requiere esfuerzo físico. El regreso anticipado puede aumentar el riesgo de complicaciones o de hemorragias si se altera el proceso de cicatrización.

En Colombia, los cirujanos maxilofaciales deben estar inscritos en el Registro Único Nacional del Talento Humano en Salud (ReTHUS). También puedes solicitar el título de especialización y verificar que esté avalado por el Ministerio de Educación y por asociaciones científicas como la Asociación Colombiana de Cirugía Oral y Maxilofacial (ACCOMF). En el exterior, entidades como la American Board of Oral and Maxillofacial Surgery (ABOMS) o la European Association for Cranio-Maxillo-Facial Surgery (EACMFS) validan esta formación.

Mitos y verdades sobre la cirugía maxilofacial

Mito: “Es una cirugía estética más, como una rinoplastia”

Verdad: “Puede cambiar la forma del rostro de manera significativa”

Mito: “Los resultados se ven de inmediato”

Verdad: “La rehabilitación es clave para evitar secuelas”

Consulta con profesionales expertos: tu salud facial merece lo mejor

Equipo de especialistas de Clínica Loyola

Cada año, miles de personas se someten a cirugías maxilofaciales en el mundo para mejorar su calidad de vida, corregir deformidades funcionales o reconstruir lesiones complejas. Y aunque los riesgos existen, hoy contamos con tecnología de punta, cirujanos altamente calificados y protocolos de seguridad avanzados que han reducido significativamente las complicaciones.

En Clínica Loyola, este tipo de procedimientos se realiza bajo los más altos estándares de seguridad, con planificación digital 3D, acompañamiento multidisciplinario y un enfoque centrado en el paciente. Nuestro equipo de cirugía maxilofacial está conformado por especialistas certificados, con trayectoria nacional e internacional, y experiencia en casos complejos que requieren precisión, humanidad y resultados integrales.

Si estás considerando una cirugía de este tipo o necesitas una segunda opinión sobre un diagnóstico que te inquieta, no tomes decisiones a ciegas. Agenda tu consulta en Clínica Loyola y recibe una valoración completa, profesional y empática. Porque tu rostro, tu función oral y tu salud merecen estar en manos expertas.

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Clínica Loyola, lo hacemos todo por verte sonreír.

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